Dejad que los niños de San Ildefonso se acerquen a mí
Anoche tuve un sueño. Bueno, más que un sueño, fue una revelación. O una profecía, modestia aparte.
Yo estaba durmiendo la siesta (una siesta larga, ya que eran las once de la noche), cuando se me aparecieron dos niños de San Ildefonso, parroquia de Cornellà donde hace cuatro años impartí media docena de misas.
Los niños sostenían sendos huevos Kinder Sorpresa y, para mi sorpresa, me cantaron un número. Lo cantaron a la manera gregoriana, con influencias de gospel tardío y Estopa de la primera época. O eso me pareció en aquel momento, porque ahora mismo sería incapaz de reproducir la música, no por falta de talento musical (del cual ando bastante sobrado) sino porque es muy difícil que memorice una melodía a la primera audición. En cambio, la letra se me quedó grabada. Aunque, en honor a la verdad, no era una letra, sino un número, el cual lo repetían hasta la saciedad (por eso se me quedó grabado).
El número era éste:
En fin. No sé qué significa, pero lo averiguaré. Quizás sean los días que faltan para el Diluvio Universal del Apocalipsis Final. Aunque no quisiera pecar de optimista. Podrían ser las horas que faltan, o los minutos… No sé. Investigaré, y cuando sepa algo, os lo digo.

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