Dios es negro (y mi madre es virgen)
Como cada año, ayer fui al cine. Estaba decidido a ver la película esa de los cuatro fantásticos. Las historias de superhéroes son una forma de sublimar los anhelos de divinidad de los mortales sin caer en el sacrilegio, y resultan sumamente interesantes para explorar mi propio potencial; el cual, todo hay que decirlo, sigue muy en potencia. Llevo varios días pensando que si, por ejemplo, tuviera los poderes de la antorcha humana y los del hombre de hielo, una de dos: (1) acabaría convertido en un polín derretido; o (2) los poderes se anularían mutuamente, y a todos los efectos parecería un miserable consumidor de películas de superhéroes. En fin, digo que estaba decidido a ver Los cuatro fantásticos, pero me encontraba a punto de comprar la entrada cuando un cartel me llamó poderosamente la atención. Aparecía Nanni Moretti, que es un actor que salía en Padre padrone, pero lo que me llamó la atención fue una frase: Sigo como Dios, a la sazón el título de la película. Me picó la curiosidad, lo confieso, y abandoné mi propósito inicial de ver el filme de los cuatro fantásticos. Suerte que voy al cine solo, cuando voy (una vez al año, más o menos), y no tuve que discutir más que conmigo mismo; la discusión fue más o menos rápida y democrática: ganó Moretti por dos a uno. Y es que eso es lo bueno de ser uno y trino, porque si fuera cuatrino podría producirse un empate. Bromas (o no) aparte: le pedí a la taquillera una entrada para Sigo como Dios. Entonces sucedió algo curioso: la gente que hacía cola a mi espalda empezó a aplaudir; y no sólo eso: algunos acompañaron sus aplausos con exclamaciones como “ya era hora” y “por fin”, y recuerdo a un hombre que dijo: “que no me quiero perder el No-Do” (era, por cierto, bastante joven, de modo que no creo que hubiera presenciado ningún No-Do en directo, de lo que colegí que se estaba burlando de mí). A mí estas cosas, la Verdad sea dicha, me entran por un oído y me salen por el otro; si no fuera así, les habría lanzado una maldición, pero me limité a hacer butifarra.
En cuanto a la película en cuestión: no diré que esperase un filme espiritual, una hagiografía o una obra de Mel Gibson. Para nada. Yo ya sabía a lo que iba, por puro conocimiento presciente. Sin embargo, ni el más funesto de mis vaticinios me había preparado para lo que iba a ver. Bueno, tampoco es cuestión de exagerar; al fin y al cabo, sólo era una comedia. El protagonista era una especie de Noé moderno, con su arca y sus animales y su barba a lo Gandalf. (Algún día hablaré de Gandalf, quien –en contra de la creencia popular– era español.) En fin, que el actor que había confundido con Nanni Moretti (pero no es) haga de Noé (tampoco es) ya me parece una blasfemia, pero eso no es lo peor. Lo peor es que otro de los personajes es ni más ni menos que Dios. Lógico: si sale Noé, tendrá que salir Dios (o no tan lógico, porque ahora se han puesto de moda las versiones de la Ilíada y la guerra de Troya sin dioses, que serán todo lo paganos que quieras, pero su omisión deliberada no es sino otro síntoma de la crisis espiritual de Occidente). Bueno, a lo que iba: que sale Dios, y no sólo eso, sino que sale interpretado por un actor de color. O sea: de color marrón oscuro, tirando a negro. Negro, para abreviar. Y yo no tengo nada en contra de los negros, Dios me libre, ni de los negros ni de los racistas; bueno, de los racistas sí, pero sólo si son negros. Pero no me hagan reír… o sí, porque es una comedia, y quizás el hecho de que Dios sea negro no es más que un agag, un agag recurrente. De todos modos, es un agag muy malo y no tiene ni puñetera gracia, pero es igual, no me quiero calentar. Sólo digo que Dios no puede ser de color. Si lo fuera, el Sumo Pontífice iría vestido de ese color, y en verano pasaría mucho calor, y su segunda residencia no estaría en Castel Gandolfo (otra vez Gandalf) sino al sur de la Patagonia argentina, donde hace un frío del carajo. Además, el código de las fumatas se invertiría: la negra pasaría a ser blanca y viceversa. Y la paloma de Noé sería un grajo que vuela bajo, por no hablar del Espíritu Santo, que sería un cuervo de mal agüero; lo cual, no hace falta decirlo, es un sacrilegio desde su misma y mancillada concepción. Pero ahí no acaba la cosa, porque Nuestra Señora de Montserrat sería blanca, como fray Escoba y los angelitos de Machín. Y eso sí que no.
In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

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