A mi imagen y semejanza
Hoy he visto a Buda. No el que se parece a Keanu Reeves, no, no, ese no, sino el otro, el gordo con pinta de Jesús Gil y Gil. Por un momento he sentido miedo. Sí, he sentido miedo (me cuesta desprenderme de este vestigio de humanidad, lo confieso): un miedo atávico y antediluviano. Un miedo primordial, antiguo como el tiempo. Pero enseguida se me ha pasado. Eso ha sido al comprender que el tal Buda no era sino mi reflejo en el espejo del baño.
He respirado tranquilo. Pero por poco tiempo.
Porque enseguida me he vuelto a asustar. Sí, sí, me he vuelto a asustar. ¿Por qué? Porque no puedo parecerme a un dios pagano.
No, no puedo. No puedo. No puedo.
No puedo parecerme a nadie que no sea el Dios Único, Grande y Verdadero.
Mañana empiezo la dieta.

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