jueves, 4 de octubre de 2007

El Espermatozoide Santo

–Marcelito de mi vida, tu padre putativo y yo te tenemos que contar una cosa.

–No me lo digas. Soy adoptado.

–No, no es eso…

–Pero en el cole dicen que eres virgen.

–Eso es porque…

–Ahora no me vengas con lo de la cigüeña, que ya soy mayorcito.

–Qué va, hijo. Lo que pasa es que eres hijo de Dios.

–Ah, bueno. Eso ya es otra cosa.

Sin embargo, cualquier parecido con la realidad es pura fabulación. Para empezar, mi madre no era virgen. Al menos, no es eso lo que decían mis condiscípulos. Por otro lado, como ya he señalado en otro momento, si mi madre hubiera sido virgen todos mis hermanos habrían sido concebidos como consecuencia de un engendramiento divino, lo cual es inconcebible. Y la adopción queda totalmente descartada.

Aun así, ¿quién dice que Dios no puede engendrar en el vientre de una no-virgen (se me ocurren otros sinónimos poco aptos para referirse a la madre de uno)? Claro que puede. Si no pudiera, no sería Todopoderoso. Sería Muchopoderoso o Bastantepoderoso, pero no Todopoderoso. Otra cosa es que no quiera, porque una cosa es poder hacer cualquier cosa, y otra cosa (valgan las redundancias) es quererla hacer; y si no quieres, no quieres. Y punto. Querer es poder, pero poder no es querer.

Sea como sea, a mí nadie me ha dicho lo que yo sé: esto es, que soy hijo de Dios; lo cual, si aceptamos el asunto ese de la Trinidad, significa que también soy Padre y Espíritu Santo. Y aunque hasta hace poco había dado por válida la teoría de la reencarnación, tiene que haber algo más. Cierto es que mi parecido con Ginés el cartero (†) es más que evidente, pero… ¿quién me asegura que el Espíritu Santo no se reencarnó en los espermatozoides de Ginés? No en todos, claro; eso habría sido un suicidio genocida y espermicida innecesario, y una cosa es que la Paloma sea como el Fénix, y otra muy distinta es que sea una chapucera. En realidad, se habría reencarnado en media docena de espermatozoides, los más rápidos. O en menos. Quizás se reencarnó en uno solo, el Fernandito Alonso del semen. Es posible que tuviera algún rifirrafe con Hamilton, algún duelo en plan Ben-Hur versus Mesala, pero ahí está la épica de la concepción divina. La grandeza del alumbramiento. Y eso es así, y ni el calvo de Telecinco convertido en evangelista habría logrado dotarlo de más interés que el que ya poseía por su propia naturaleza intrínseca. (Esto no deja de ser curioso: que el espermatozoide más rápido incluyera el cromosoma del sobrepeso; lo cual, bien mirado, no es nada más ni nada menos que otra prueba de la divinidad de la inseminación y de la voluntad superior, que quiso dotarme de una obesidad infantil para que pudiera enfrentarme a la verdadera naturaleza humana en mis años escolares, cuando las personas pecadoras se muestran como son, sin máscaras.) En cualquier caso y resumiendo: el cartero entregó un espermatozoide urgente con el alma de Dios al vientre de mi madre, que no era virgen, de acuerdo, pero es que el Todopoderoso engendra como le sale de los altísimos.

Faltaría más.

In nomine Patris, et Filii, et Seminis Sancti. Amen.


¿Ese no es el Koala?

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