lunes, 1 de octubre de 2007

Salmo 23, versión 2.0



Habría que actualizar conceptos. Por ejemplo, el Salmo 23: "El Señor es mi pastor, etcétera". Entiendo la metáfora y tal, pero… ¿tiene que ser un pastor? Es que pienso en un pastor y me viene a la mente aquel cabrero de la tele, Pedro.

Sí, el de Gran Hermano.

Los tiempos están cambiando, que decía Bob Dylan, cantautor por la gracia de Dios y Juan Pablo Segundo (aunque no por la de Benedicto Decimosexto, que prefiere a Camilo Sesto). Los tiempos están cambiando, sí, y ya ha quedado muy lejos la novela pastoril, el bucolismo de La Galatea y la ñoñez de La casa de la pradera. Para el hombre de hoy, un pastor es un energúmeno que invade el Paseo de la Castellana con un ejército de ovejas. Y si el Señor es pastor, los mortales son ovejas. La gente no quiere que la comparen con unos bichos peludos que balan junto al apóstol Santiago Bernabéu. Es humillante, y no digo que la religión no deba serlo; al revés, la religión (la Religión Verdadera) debe ser humillante, pero también tiene que ser inteligible. Porque la gente es muy burra. No es oveja, es burra.

La gente es muy burra, y lo digo sin ánimo de ofender. De ofender a la gente, que los burros no son tan susceptibles. Y ahí está el quid: la gente no sólo es burra, también es susceptible. En serio: están a la que saltan. Se te ocurre decir que son como ovejas, burras o vacaburras, y te montan un pollo. Peor aún: se te ocurre (anticipándote a sus movimientos) montar el pollo antes que nadie, y la Asociación para la Defensa de los Pollos te monta un ídem que se caga la burra. O sea, la gente.

En fin, creo que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Que, por cierto, no sé si en esos cerros pastan ovejas, pero seguro que los pastores (caso de haberlos) no se parecen en nada al de los dibujos animados de Heidi, no recuerdo cómo se llamaba.

Es que uno (no me refiero a mí, sino a uno, en general) piensa en un pastor y ¿qué imagen le viene a la mente? La del fulano del Gran Hermano, o la del gañán de ese otro programa de risa, que ahora no recuerdo si es pastor, pero podría serlo. Y esto lo digo sin ánimo de ofender a los pastores, sean de Úbeda o de Gran Hermano, sean gañanes o no. (Aunque, ahora que lo pienso, tiene que ser difícil ofender a cualesquiera concursantes del Gran Hermano, porque el programa en sí me parece especialmente ofensivo, una vergüenza para la Televisión, que a su vez es una vergüenza para el mundo. De hecho, estoy escribiendo un ensayo intitulado Mundo, Demonio y Televisión; aunque es demasiado pronto para hablar de ello: apenas llevo trescientas cuarenta y cuatro páginas.)


Resumiendo: yo pienso que habría que buscar una metáfora más compatible con los tiempos que corren y que, como ya he comentado, están cambiando. Nada de "el Señor es mi pastor". Ya no; eso está desactualizado. Yo, después de mucho discurrirlo en mi día de descanso (el domingo, claro), he remozado el Salmo 23. A ver qué os parece:

El Señor es mi administrador de sistemas,
en portales de delicada usabilidad me hace navegar,
me conduce por intranets de acceso restringido
y repara mi CPU,
me guía por foros y bitácoras,
por el amor de su nick.

Aunque me descargue programas piratas expuestos a virus
nada temeré, porque Tú vas conmigo,
tu antivirus y tu cortafuegos me sosiegan.

Configuras el Office ante mí,
delante de mis enemigos,
me unges la cabeza con aceite,
y mi copa rebosa. (Esto casi no lo he cambiado, porque me gustaba tal cual.)

Los bebés disfrazados de abejitas de tu salvapantallas
me acompañan todos los días de mi vida,
y en el software libre del Señor moraré
a jornada completa.

Amen.


Mucho mejor, ¿no?

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