No desearás al vecino del quinto*
Ocurrió a mediados de la semana pasada. Hallábame en casa, entregado a unos ejercicios espirituales (automeditación y autorrezo, principalmente) cuando oí la llamada.
Era la vecina del tercero, a quien le había surgido un problema con el ordenador. Debo decir que la vecina (cuyo nombre omitiré, por atenerme al secreto de confesión) tiene cuarenta y muchos años, pero está de muy buen ver. Esto no lo digo yo, sino los cánones (no me refiero a los cánones anorexizantes, sino a los cánones carnosos); digo que no lo digo yo, porque estoy pasando por una etapa espiritual en la que no me excitan los asuntos de la carne. Aunque conviene señalar que la vecina me estimula desde un punto de vista espiritual, y me estimula sobremanera. Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda, otra vez.
Decía que la vecina tenía un problema con el ordenador. Pero miento (pecata minuta): quien lo decía es la vecina. No digo yo que ella no tuviera un problema con el ordenador, pero eso no lo sabía en aquel momento: sólo sabía lo que ella me decía y, por lo que a mí respectaba, podría ser mentira. Sin embargo, tampoco tenía razones para poner en tela de juicio final la veracidad de sus palabras. Aun así, no me gusta que interrumpan mis ejercicios espirituales, y mucho menos que lo haga un sujeto que me estimula a nivel espiritual: se producen interferencias. Por ello, mi primera reacción fue decirle: “¿Le falla el ordenador? Llame a un niño de 9 años.” Esta frase no es mía. La leí hace poco en el New York Times (en realidad, en la versión resumida que sale en El País, un periódico que no me resulta nada simpático –sobre todo algunas viñetas de un tal Máximo–, pero que hallé en la antesala del dentista, y me pareció preferible a hojear cualquier revistucha sensacionalista). Digo que le dije que llamara a un niño de 9 años, en parte porque lo había leído en el dentista, y en parte porque la vecina del tercero tiene un hijo de 9 años. También tiene uno de 16, así como uno de su misma edad, que obviamente es su marido (porque la vecina del tercero está católicamente casada). A todo esto, la mujer me contestó: “Aarón está en el colegio.” Aarón es el hijo de 9 años; en realidad, no se llama así, pero es el primer nombre que ha acudido a mi alfabética imaginación. “¿Y Abdón?”, pregunté, refiriéndome al mayor (que tampoco se llama de esta guisa). “En el instituto”, me repuso. “¿Y Abel?” (el esposo). “En el trabajo, pero él no tiene ni idea de ordenadores. Y aunque la tuviera, no podría ayudarme. Ni él ni los niños. De hecho, sólo puedes ayudarme tú.”
Aquí me puse en guardia. Yo ya sabía que la vecina del tercero estaba carnalmente atraída por mi persona, lo cual es hasta cierto punto comprensible. Aun así, una cosa es el deseo y otra muy distinta, proceder a su satisfacción. Yo, para ganar tiempo, simulé no comprenderla, y le pregunté a qué se refería. Y esto es lo que me contestó:
“El PC está poseído.”
Creo que no lo había comentado todavía: en mis ratos libres practico exorcismos. Lo de “ratos libres” es una forma de hablar, pues por el simple hecho (nada simple) de practicar exorcismos dejan de ser libres. De hecho, me tienen muy ocupado. El otro día compré un Dominio de Internet para colgar mi curriculum vitae y mi book, en el que expongo una selección de mis mejores exorcirmos. Hay de todo: hombres y mujeres de todas las edades, desde ancianos hasta niños (incluso uno al que le faltaban tres meses para nacer). También he exorcizado a algunos animales, pues que no tengan alma no significa que no puedan estar poseídos; y éstos, de hecho, lo estaban, vaya si lo estaban. Sin embargo, jamás había exorcizado a una máquina. Por ello, me produjo una gran sorpresa la respuesta de la vecina. Y una cierta admiración: pues resulta admirable hasta dónde puede llegar la imaginación de algunas personas cuando de alcanzar determinados objetivos se trata. Aunque sean unos objetivos pecaminosos.
Yo debía haber parado aquí, pero decidí seguir siguiéndole la corriente. Y le pedí que me lo enseñara.
Y me lo enseñó: era un ordenador personal de sobremesa. Me contó que, aunque Abdón era su usuario principal, lo usaba toda la familia (menos Abel). A simple vista, no presentaba nada extraño. Sin embargo, la vecina me dijo que no debía dejarme engañar por las apariencias. Aquí le tuve que dar la razón; porque es lo que siempre digo yo: no os dejéis engañar por las apariencias.
Me contó que, por las noches, cuando los niños ya se han acostado y Abel está viendo la televisión, ella tiene por costumbre encender el ordenador. Para navegar por Internet, principalmente. Al oír esto, estuve a punto de pasarle la dirección de esta bitácora; por fortuna, no lo hice. Las dos últimas noches, me contó, el navegador se le cerraba de súbito, sin motivo aparente. Y la pantalla se volvía toda blanca, y luego toda negra. Y entonces se oían unas palabras en un lenguaje extraño, pero parecido al español. “Esto es lo más inquietante: cuando parece que entiendes las palabras, algunas palabras, pero no sabes lo que dicen.” Las palabras en cuestión, añadió, las pronunciaba una voz femenina. Y entonces caí. Sí, caí: caí en la cuenta de que quizás la había juzgado mal. Quizás tenía razón, y el ordenador estaba realmente poseído. Porque éste es un hecho desconocido para la mayoría de los mortales: con bastante frecuencia, el Demonio se manifiesta con una voz femenina. Si la vecina hubiera pretendido engañarme, no habría mencionado este detalle.
Entonces fue cuando me remangué. Y dije: “Déjeme ver.” Abrí el botiquín de primeros exorcismos y sometí al PC a todo el ritual, que no detallaré porque no quiero que me copien. Sin embargo, no pasó nada. “Tal vez haya que esperar a la noche”, dije. Pero a la vecina no le hizo demasiada gracia: al parecer, no le había contado nada a su familia. Y no la puedo culpar: estas cosas es mejor llevarlas con discreción, en la medida de lo posible.
Pero ya he dicho que, aun habiendo hecho todo lo divinamente posible, no había sucedido nada. Por ello, y por hacer algo, se me ocurrió decir: “¿Seguro que no es un virus?” Yo estaba convencido de que no lo era, pero lo dije por ganar tiempo. O por perderlo.
Y entonces, por probar, fui a la opción de Buscar. Y tecleé: VIRUS. Lo único que apareció fueron varios archivos JPG con fotografías de una tal Virushka, una pelandusca de cuidado. Por supuesto, y con la aquiesciencia de mi vecina, borré todos los archivos, tanto los de Virushka como los de sus compañeras de carpeta. Y de repente, sin venir a cuento, se manifestó el “virus” (nótense las comillas).
Primero fue un fogonazo. Luego, un apagón. En efecto, parecía como si el ordenador se hubiese apagado. Pero no: sólo se había oscurecido. Entonces, se formó una lucecita en el centro de la pantalla. Poco a poco fue creciendo, mientras se iba transformando. Me recordó a un gusano que se transforma en mariposa. Pero aquello no era una mariposa. Aquello era Nuestra Señora de Fátima.
Durante un tiempo incalculable estuvimos contemplando la aparición, extasiados. Tan extasiados que no nos percatamos de que los altavoces estaban en Off; esto es: apagados. Fue un error terrible: no quiero ni imaginar la de misterios que se nos podían haber revelado en ese tiempo. Cuando por fin encendimos los cacharros, la Virgen nos habló. O nos siguió hablando. Lo malo es que hablaba en portugués, y ni la vecina ni yo entendemos la lengua de nuestros vecinos (los del segundo, que son de Río de Janeiro). Pillamos algunas palabras sueltas, pero no más de tres seguidas. Dijo, por ejemplo: “liga pra na morada”. Morada quiere decir morada. Pero quizás lo que dijo fue: “liga pra namorada”; es decir: “liga con tu enamorada”. Y eso fue lo más extraño: Nuestra Señora de Fátima nos estaba incitando a cometer adulterio. Aunque no creo. Seguro que tiene otra explicación.
De hecho, llevo diez días meditando sobre ello. La hipótesis del ligoteo está prácticamente descartada. No obstante, y por si acaso, no le pienso quitar ojo a la vecina.
In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.
* El vecino del quinto no es Alfredo Landa, sino yo. Y no soy un desviado sexual.

1 comentario:
En el mi pais Virushka es reina de bellesa, mucho importanta, si un persono destrulle foto de ella delito di estado e los vezinos cojen culpablo, mohan con vodka e encendien cerillo.
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