jueves, 29 de noviembre de 2007

El Día del Pulpo

Hace ya tres semanas que no publico nada, y creo que mis fieles se merecen una explicación. Aunque, pensándolo mejor, no se la merecen. No obstante, se la voy a dar.

He aquí la explicación:

Esta ausencia de revelaciones no ha sido debida a un cese en la escritura, sino a todo lo contrario. En otras palabras: no he parado de escribir. Y es que he estado muy ocupado urdiendo la trama –y tramando la urdimbre– de mi próximo libro. No me refiero al ensayo sobre la televisión (el cual se encuentra en barbecho), sino a una novela sobre el Apocalipsis en clave de ciencia-ficción. Es algo al estilo de Ronald Hubbard, un autor al que admiro profundamente, aunque no he leído nada suyo.

La historia arranca una Nochebuena, en plena Misa del Gallo, cuando los púlpitos de todas las iglesias de la Tierra pierden la tilde, convirtiéndose en pulpitos: unos molusquitos cefalópodos, dibranquiales y octópodos, pequeños pero voraces y dados al fornicio en particular y a todos los pecados capitales en general (uno por cada tentáculo, sin contar el de repuesto).

Ahora estoy tratando de resolver el asunto del desfase horario entre los diferentes husos, por eso de la simultaneidad. Aunque quizás me limite a narrar una invasión progresiva, que dure veinticuatro horas. O sea, un día completo.

El título, por cierto, es El Día del Pulpo. Lo puedo decir porque lo tengo registrado, lo mismo que la versión en inglés, para el mercado internacional: Octopus Day.

Y hasta aquí puedo leer.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Post confesionario


Si alguien tiene algo que confesar, que hable ahora o calle por un rato.

(La confesión es pública, pero se puede firmar como Anónimo.)

viernes, 2 de noviembre de 2007

El Arca de Noelia

Noelia es la nuera de los del entresuelo. En realidad, no debería decir que se llama Noelia (por eso de mantener el secretismo confesional), pero si le cambiara el nombre se perdería el juego de palabras. De modo que he cambiado la ubicación del piso en el que viven sus suegros.

Hace un año, o un poco más, Noelia me contó su sueño. No un sueño que había tenido mientras dormía, sino un sueño de los otros. Los que generalmente no se cumplen, sobre todo si se es muy ambicioso. Pero Noelia no es ambiciosa.

Su sueño, me dijo, era poner una guardería. Porque a Noelia le gustan mucho los niños. Y yo le dije: "Felicidades, es un buen sueño." Y le di mi bendición. Pues el sueño era bueno. Además, a mí también me gustan los niños. Sobre todo, los niños guardados.

Noelia me contó que había pensado un nombre para la guardería: El Arca de Noelia.

Eso ya no me gustó tanto. Y así se lo dije. Acto seguido, expuse mis razones:

Razón Primera: Parece el nombre de una secta.

Razón Segunda: Parece el nombre de una tienda de animales.

Ahora ha puesto una guardería de animales.

domingo, 28 de octubre de 2007

Tengo una canonización para usted

Sin intermediarios.
Sin pasar por engorrosos trámites como morirse.
Sin beatificación previa.
Sin necesidad de hacer milagros.
Sin esperas.
Sin ceremonias.
Sin el beneplácito benedictino.

Basta con:

1. No haber pecado en las últimas 12 horas.
2. Elegir una fecha del calendario.
3. Solicitarlo educadamente.

Nuestra Señora de Internet



Esto es por si no sabéis qué regalarme para mi cumpleaños.

Otra opción es El código Da Vinci, un libro que hace tiempo que quiero quemar.

viernes, 26 de octubre de 2007

El cambio cismático

Se avecinan profundos cambios en el seno de la Santa Madre. Concretamente, dicho seno se multiplicará por dos.

Yo en su lugar me lo tomaría muy a pecho.

jueves, 18 de octubre de 2007

Nadie es profeta en su tierra

Y Dios, en la de todos.

sábado, 13 de octubre de 2007

Mejilla por mejilla

Dicen las Escrituras que cuando alguien te da una (iba a escribir hostia) torta, hay que poner la otra mejilla. Lo que no dicen es qué pasa cuando en una bitácora alguien pone un enlace a la tuya propia. ¿Poner la otra bitácora? Lo haría, si tuviera una. ¿Devolvérsela? Podría.

Sí, quizás haga eso.

Esta reflexión viene a cuento de que acabo de descubrir un enlace a mi página. El primero de todos, si no me equivoco (no suelo). Cierto es que dicho enlace no aparece en un blog, digamos, ejemplar. De hecho, es un blog en el que se hace apología del alcohol, el sexo y el satanismo, principalmente. También hace referencia a animales subnormales y bodas por lo civil. Por supuesto, el vocabulario tampoco es modélico: la palabra puta se manifiesta en 16 entradas (de un total de 82). Sin embargo, está escrito de puta madre. Mierda, ya se me ha contagiado. Podría corregirlo, pero hay cosas que no se pueden deshacer. Mejor dejarlo tal cual, para que sirva de ejemplo. Luego me autoconfieso y punto.

Conclusión: Cerrado por melalcoholía (tal es el nombre de la bitácora) me ha enlazado. Y yo, en justa reciprocidad no exenta de agradecimiento, le voy a devolver la mejilla.

Quid pro quo.

No desearás al vecino del quinto*

Ocurrió a mediados de la semana pasada. Hallábame en casa, entregado a unos ejercicios espirituales (automeditación y autorrezo, principalmente) cuando oí la llamada.

Era la vecina del tercero, a quien le había surgido un problema con el ordenador. Debo decir que la vecina (cuyo nombre omitiré, por atenerme al secreto de confesión) tiene cuarenta y muchos años, pero está de muy buen ver. Esto no lo digo yo, sino los cánones (no me refiero a los cánones anorexizantes, sino a los cánones carnosos); digo que no lo digo yo, porque estoy pasando por una etapa espiritual en la que no me excitan los asuntos de la carne. Aunque conviene señalar que la vecina me estimula desde un punto de vista espiritual, y me estimula sobremanera. Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda, otra vez.

Decía que la vecina tenía un problema con el ordenador. Pero miento (pecata minuta): quien lo decía es la vecina. No digo yo que ella no tuviera un problema con el ordenador, pero eso no lo sabía en aquel momento: sólo sabía lo que ella me decía y, por lo que a mí respectaba, podría ser mentira. Sin embargo, tampoco tenía razones para poner en tela de juicio final la veracidad de sus palabras. Aun así, no me gusta que interrumpan mis ejercicios espirituales, y mucho menos que lo haga un sujeto que me estimula a nivel espiritual: se producen interferencias. Por ello, mi primera reacción fue decirle: “¿Le falla el ordenador? Llame a un niño de 9 años.” Esta frase no es mía. La leí hace poco en el New York Times (en realidad, en la versión resumida que sale en El País, un periódico que no me resulta nada simpático –sobre todo algunas viñetas de un tal Máximo–, pero que hallé en la antesala del dentista, y me pareció preferible a hojear cualquier revistucha sensacionalista). Digo que le dije que llamara a un niño de 9 años, en parte porque lo había leído en el dentista, y en parte porque la vecina del tercero tiene un hijo de 9 años. También tiene uno de 16, así como uno de su misma edad, que obviamente es su marido (porque la vecina del tercero está católicamente casada). A todo esto, la mujer me contestó: “Aarón está en el colegio.” Aarón es el hijo de 9 años; en realidad, no se llama así, pero es el primer nombre que ha acudido a mi alfabética imaginación. “¿Y Abdón?”, pregunté, refiriéndome al mayor (que tampoco se llama de esta guisa). “En el instituto”, me repuso. “¿Y Abel?” (el esposo). “En el trabajo, pero él no tiene ni idea de ordenadores. Y aunque la tuviera, no podría ayudarme. Ni él ni los niños. De hecho, sólo puedes ayudarme tú.”

Aquí me puse en guardia. Yo ya sabía que la vecina del tercero estaba carnalmente atraída por mi persona, lo cual es hasta cierto punto comprensible. Aun así, una cosa es el deseo y otra muy distinta, proceder a su satisfacción. Yo, para ganar tiempo, simulé no comprenderla, y le pregunté a qué se refería. Y esto es lo que me contestó:

“El PC está poseído.”

Creo que no lo había comentado todavía: en mis ratos libres practico exorcismos. Lo de “ratos libres” es una forma de hablar, pues por el simple hecho (nada simple) de practicar exorcismos dejan de ser libres. De hecho, me tienen muy ocupado. El otro día compré un Dominio de Internet para colgar mi curriculum vitae y mi book, en el que expongo una selección de mis mejores exorcirmos. Hay de todo: hombres y mujeres de todas las edades, desde ancianos hasta niños (incluso uno al que le faltaban tres meses para nacer). También he exorcizado a algunos animales, pues que no tengan alma no significa que no puedan estar poseídos; y éstos, de hecho, lo estaban, vaya si lo estaban. Sin embargo, jamás había exorcizado a una máquina. Por ello, me produjo una gran sorpresa la respuesta de la vecina. Y una cierta admiración: pues resulta admirable hasta dónde puede llegar la imaginación de algunas personas cuando de alcanzar determinados objetivos se trata. Aunque sean unos objetivos pecaminosos.

Yo debía haber parado aquí, pero decidí seguir siguiéndole la corriente. Y le pedí que me lo enseñara.

Y me lo enseñó: era un ordenador personal de sobremesa. Me contó que, aunque Abdón era su usuario principal, lo usaba toda la familia (menos Abel). A simple vista, no presentaba nada extraño. Sin embargo, la vecina me dijo que no debía dejarme engañar por las apariencias. Aquí le tuve que dar la razón; porque es lo que siempre digo yo: no os dejéis engañar por las apariencias.

Me contó que, por las noches, cuando los niños ya se han acostado y Abel está viendo la televisión, ella tiene por costumbre encender el ordenador. Para navegar por Internet, principalmente. Al oír esto, estuve a punto de pasarle la dirección de esta bitácora; por fortuna, no lo hice. Las dos últimas noches, me contó, el navegador se le cerraba de súbito, sin motivo aparente. Y la pantalla se volvía toda blanca, y luego toda negra. Y entonces se oían unas palabras en un lenguaje extraño, pero parecido al español. “Esto es lo más inquietante: cuando parece que entiendes las palabras, algunas palabras, pero no sabes lo que dicen.” Las palabras en cuestión, añadió, las pronunciaba una voz femenina. Y entonces caí. Sí, caí: caí en la cuenta de que quizás la había juzgado mal. Quizás tenía razón, y el ordenador estaba realmente poseído. Porque éste es un hecho desconocido para la mayoría de los mortales: con bastante frecuencia, el Demonio se manifiesta con una voz femenina. Si la vecina hubiera pretendido engañarme, no habría mencionado este detalle.

Entonces fue cuando me remangué. Y dije: “Déjeme ver.” Abrí el botiquín de primeros exorcismos y sometí al PC a todo el ritual, que no detallaré porque no quiero que me copien. Sin embargo, no pasó nada. “Tal vez haya que esperar a la noche”, dije. Pero a la vecina no le hizo demasiada gracia: al parecer, no le había contado nada a su familia. Y no la puedo culpar: estas cosas es mejor llevarlas con discreción, en la medida de lo posible.

Pero ya he dicho que, aun habiendo hecho todo lo divinamente posible, no había sucedido nada. Por ello, y por hacer algo, se me ocurrió decir: “¿Seguro que no es un virus?” Yo estaba convencido de que no lo era, pero lo dije por ganar tiempo. O por perderlo.

Y entonces, por probar, fui a la opción de Buscar. Y tecleé: VIRUS. Lo único que apareció fueron varios archivos JPG con fotografías de una tal Virushka, una pelandusca de cuidado. Por supuesto, y con la aquiesciencia de mi vecina, borré todos los archivos, tanto los de Virushka como los de sus compañeras de carpeta. Y de repente, sin venir a cuento, se manifestó el “virus” (nótense las comillas).

Primero fue un fogonazo. Luego, un apagón. En efecto, parecía como si el ordenador se hubiese apagado. Pero no: sólo se había oscurecido. Entonces, se formó una lucecita en el centro de la pantalla. Poco a poco fue creciendo, mientras se iba transformando. Me recordó a un gusano que se transforma en mariposa. Pero aquello no era una mariposa. Aquello era Nuestra Señora de Fátima.

Durante un tiempo incalculable estuvimos contemplando la aparición, extasiados. Tan extasiados que no nos percatamos de que los altavoces estaban en Off; esto es: apagados. Fue un error terrible: no quiero ni imaginar la de misterios que se nos podían haber revelado en ese tiempo. Cuando por fin encendimos los cacharros, la Virgen nos habló. O nos siguió hablando. Lo malo es que hablaba en portugués, y ni la vecina ni yo entendemos la lengua de nuestros vecinos (los del segundo, que son de Río de Janeiro). Pillamos algunas palabras sueltas, pero no más de tres seguidas. Dijo, por ejemplo: “liga pra na morada”. Morada quiere decir morada. Pero quizás lo que dijo fue: “liga pra namorada”; es decir: “liga con tu enamorada”. Y eso fue lo más extraño: Nuestra Señora de Fátima nos estaba incitando a cometer adulterio. Aunque no creo. Seguro que tiene otra explicación.

De hecho, llevo diez días meditando sobre ello. La hipótesis del ligoteo está prácticamente descartada. No obstante, y por si acaso, no le pienso quitar ojo a la vecina.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.



* El vecino del quinto no es Alfredo Landa, sino yo. Y no soy un desviado sexual.

martes, 9 de octubre de 2007

El Paraíso perdido

Como decía la semana pasada, los tiempos están cambiando, y Nosotros debemos cambiar con ellos. Nuestro mensaje tiene que actualizarse; de lo contrario, perderemos el tren. O mejor: el AVE. Porque los tiempos están cambiando, y están cambiando a alta velocidad.

Una prueba de que no ando nada desencaminado es que el Enemigo ya se ha puesto las pilas. O una batería recargable, o unas placas solares. Lo que sea: el caso es que se las ha puesto. Pues el Enemigo está muy puesto (en las cosas del mundo moderno, al menos). Atrás han quedado los tiempos en que se dedicaba a tentar a la Humanidad disfrazado de serpiente. Ahora lo hace disfrazado de culebrón.



En efecto: esto sólo puede ser obra de Satanás. ¿Quién si no iba a tener la desfachatez de proclamar que si no hay tetas no hay Paraíso? Es como decir que si no hay Casera nos vamos. O sea: publicidad pura y dura. Pero publicidad encubierta y retorcida. Como si bajo la apariencia de un anuncio de Casera pretendieran vendernos una Gaseosa Molina. Es lo que ha venido en llamarse publicidad inversa.

Porque la verdad és esta: Sin tetas SÍ hay Paraíso. Claro, faltaría más. ¿Alguien se imagina a los querubines y los serafines, los ángeles y los arcángeles, mariposeando con implantes de silicona? Además, ¿no habíamos quedado en que no tenían sexo? Porque el sexo conduce al vicio, el vicio conduce a la lujuria, la lujuria conduce a las tetas grandes. Y viceversa. Por otro lado: si el Paraíso estuviera lleno de tetas, Dios (mi alter ego) no podría concentrarse.

Y quizás éste sea el objetivo último de la campaña del Maligno: que Dios pierda la concentración. Pero tranquilos, porque esto no sucederá jamás. Y, aun suponiendo que sucediera, tiene fácil solución: se manda al Ángel Exterminador a expulsar a las tetas y punto. Porque las tetas no tienen los papeles en regla (nunca los han tenido, pues los pezones no tienen huellas dactilares), y así es muy fácil expulsarlas. ¿Adónde? Al Infierno.

Sin tetas sí hay Paraíso. En cambio, con tetas sólo hay Infierno. Un Infierno de sexo y drogas. Porque ésta es otra cuestión: aquí el Enemigo se nos presenta bajo la forma de un culebrón, sí, pero no de un culebrón cualquiera, sino de un culebrón colombiano. Con esto, creo que ya está todo dicho.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

jueves, 4 de octubre de 2007

El Espermatozoide Santo

–Marcelito de mi vida, tu padre putativo y yo te tenemos que contar una cosa.

–No me lo digas. Soy adoptado.

–No, no es eso…

–Pero en el cole dicen que eres virgen.

–Eso es porque…

–Ahora no me vengas con lo de la cigüeña, que ya soy mayorcito.

–Qué va, hijo. Lo que pasa es que eres hijo de Dios.

–Ah, bueno. Eso ya es otra cosa.

Sin embargo, cualquier parecido con la realidad es pura fabulación. Para empezar, mi madre no era virgen. Al menos, no es eso lo que decían mis condiscípulos. Por otro lado, como ya he señalado en otro momento, si mi madre hubiera sido virgen todos mis hermanos habrían sido concebidos como consecuencia de un engendramiento divino, lo cual es inconcebible. Y la adopción queda totalmente descartada.

Aun así, ¿quién dice que Dios no puede engendrar en el vientre de una no-virgen (se me ocurren otros sinónimos poco aptos para referirse a la madre de uno)? Claro que puede. Si no pudiera, no sería Todopoderoso. Sería Muchopoderoso o Bastantepoderoso, pero no Todopoderoso. Otra cosa es que no quiera, porque una cosa es poder hacer cualquier cosa, y otra cosa (valgan las redundancias) es quererla hacer; y si no quieres, no quieres. Y punto. Querer es poder, pero poder no es querer.

Sea como sea, a mí nadie me ha dicho lo que yo sé: esto es, que soy hijo de Dios; lo cual, si aceptamos el asunto ese de la Trinidad, significa que también soy Padre y Espíritu Santo. Y aunque hasta hace poco había dado por válida la teoría de la reencarnación, tiene que haber algo más. Cierto es que mi parecido con Ginés el cartero (†) es más que evidente, pero… ¿quién me asegura que el Espíritu Santo no se reencarnó en los espermatozoides de Ginés? No en todos, claro; eso habría sido un suicidio genocida y espermicida innecesario, y una cosa es que la Paloma sea como el Fénix, y otra muy distinta es que sea una chapucera. En realidad, se habría reencarnado en media docena de espermatozoides, los más rápidos. O en menos. Quizás se reencarnó en uno solo, el Fernandito Alonso del semen. Es posible que tuviera algún rifirrafe con Hamilton, algún duelo en plan Ben-Hur versus Mesala, pero ahí está la épica de la concepción divina. La grandeza del alumbramiento. Y eso es así, y ni el calvo de Telecinco convertido en evangelista habría logrado dotarlo de más interés que el que ya poseía por su propia naturaleza intrínseca. (Esto no deja de ser curioso: que el espermatozoide más rápido incluyera el cromosoma del sobrepeso; lo cual, bien mirado, no es nada más ni nada menos que otra prueba de la divinidad de la inseminación y de la voluntad superior, que quiso dotarme de una obesidad infantil para que pudiera enfrentarme a la verdadera naturaleza humana en mis años escolares, cuando las personas pecadoras se muestran como son, sin máscaras.) En cualquier caso y resumiendo: el cartero entregó un espermatozoide urgente con el alma de Dios al vientre de mi madre, que no era virgen, de acuerdo, pero es que el Todopoderoso engendra como le sale de los altísimos.

Faltaría más.

In nomine Patris, et Filii, et Seminis Sancti. Amen.


¿Ese no es el Koala?

lunes, 1 de octubre de 2007

Salmo 23, versión 2.0



Habría que actualizar conceptos. Por ejemplo, el Salmo 23: "El Señor es mi pastor, etcétera". Entiendo la metáfora y tal, pero… ¿tiene que ser un pastor? Es que pienso en un pastor y me viene a la mente aquel cabrero de la tele, Pedro.

Sí, el de Gran Hermano.

Los tiempos están cambiando, que decía Bob Dylan, cantautor por la gracia de Dios y Juan Pablo Segundo (aunque no por la de Benedicto Decimosexto, que prefiere a Camilo Sesto). Los tiempos están cambiando, sí, y ya ha quedado muy lejos la novela pastoril, el bucolismo de La Galatea y la ñoñez de La casa de la pradera. Para el hombre de hoy, un pastor es un energúmeno que invade el Paseo de la Castellana con un ejército de ovejas. Y si el Señor es pastor, los mortales son ovejas. La gente no quiere que la comparen con unos bichos peludos que balan junto al apóstol Santiago Bernabéu. Es humillante, y no digo que la religión no deba serlo; al revés, la religión (la Religión Verdadera) debe ser humillante, pero también tiene que ser inteligible. Porque la gente es muy burra. No es oveja, es burra.

La gente es muy burra, y lo digo sin ánimo de ofender. De ofender a la gente, que los burros no son tan susceptibles. Y ahí está el quid: la gente no sólo es burra, también es susceptible. En serio: están a la que saltan. Se te ocurre decir que son como ovejas, burras o vacaburras, y te montan un pollo. Peor aún: se te ocurre (anticipándote a sus movimientos) montar el pollo antes que nadie, y la Asociación para la Defensa de los Pollos te monta un ídem que se caga la burra. O sea, la gente.

En fin, creo que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Que, por cierto, no sé si en esos cerros pastan ovejas, pero seguro que los pastores (caso de haberlos) no se parecen en nada al de los dibujos animados de Heidi, no recuerdo cómo se llamaba.

Es que uno (no me refiero a mí, sino a uno, en general) piensa en un pastor y ¿qué imagen le viene a la mente? La del fulano del Gran Hermano, o la del gañán de ese otro programa de risa, que ahora no recuerdo si es pastor, pero podría serlo. Y esto lo digo sin ánimo de ofender a los pastores, sean de Úbeda o de Gran Hermano, sean gañanes o no. (Aunque, ahora que lo pienso, tiene que ser difícil ofender a cualesquiera concursantes del Gran Hermano, porque el programa en sí me parece especialmente ofensivo, una vergüenza para la Televisión, que a su vez es una vergüenza para el mundo. De hecho, estoy escribiendo un ensayo intitulado Mundo, Demonio y Televisión; aunque es demasiado pronto para hablar de ello: apenas llevo trescientas cuarenta y cuatro páginas.)


Resumiendo: yo pienso que habría que buscar una metáfora más compatible con los tiempos que corren y que, como ya he comentado, están cambiando. Nada de "el Señor es mi pastor". Ya no; eso está desactualizado. Yo, después de mucho discurrirlo en mi día de descanso (el domingo, claro), he remozado el Salmo 23. A ver qué os parece:

El Señor es mi administrador de sistemas,
en portales de delicada usabilidad me hace navegar,
me conduce por intranets de acceso restringido
y repara mi CPU,
me guía por foros y bitácoras,
por el amor de su nick.

Aunque me descargue programas piratas expuestos a virus
nada temeré, porque Tú vas conmigo,
tu antivirus y tu cortafuegos me sosiegan.

Configuras el Office ante mí,
delante de mis enemigos,
me unges la cabeza con aceite,
y mi copa rebosa. (Esto casi no lo he cambiado, porque me gustaba tal cual.)

Los bebés disfrazados de abejitas de tu salvapantallas
me acompañan todos los días de mi vida,
y en el software libre del Señor moraré
a jornada completa.

Amen.


Mucho mejor, ¿no?

domingo, 30 de septiembre de 2007

Dejad que los niños se acerquen a mí (porque sí saben lo que hacen)

Dije que no volvería a adorar falsos ídolos, pero estas adorables criaturitas son cualquier cosa menos falsas:





Eu adorei!

Amen.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Yo soy el que es

¡Hijos…! ¡Pa que hablar…!

¡Pero es que este mío me pone…!

¡Hasta los mismísimos de ese hijo mío, peludo de mierda, drogadijto y hippy de mis cojones! Que si padre por aquí, que si padre por allá, que si hazme un milagro, que si por qué lo he abandonado… ¡NENAZA!

¡Si no lo había ni reconocido! Al final, por no tenerla con su madre, tragué con todo el rollo de la paloma y eso… ¿Pero quién se traga todo eso hoy en día? ¡Por favor…!

¡Y además, joder! ¡Que ya no tengo yo edad para ir haciendo milagros cada día, ostiaputa! ¡Y si no tiene para pagarse la mandanga, pues que se quite de una vez y se ponga a trabajar en una obra! ¡Aún me acuerdo cuando yo hice el mundo en seis días…!

¡Eso sí que era currar! ¡Ahí estaba yo! ¡Con una túnica rosa, rosa, apretadita, apretadita, marcando cachas, que me sentaba de puta madre…! ¡Separando la luz de las tinieblas…! ¡Creando la tierra y los océanos y las bestias que la habitan…! ¡Como un campeón!

¡Pues eso! ¡A currar como un hombre, que para eso los creé! ¡Que lo tengo crucificado, dice…! ¡La puta que lo parió!

¡Drogadijto! ¡Peludo! ¡Hippy!

Perdón por el coñazo, pero es que yoo, cuando me enciendo…


Ésta es una redacción que escribí con diez años. El tema del ejercicio era "La familia". El maestro me lo hizo repetir.

domingo, 9 de septiembre de 2007

No adoraréis falsos ídolos

Yo más que nadie debería predicar con el ejemplo. Y eso es lo que voy a hacer, pero no siempre ha sido así. La carne es débil y, en mi caso, también es fofa. Yo tenía un ídolo. Sí, hermanos, Yo tenía un Ídolo, y no me refiero a Mel Gibson. Yo tenía un ídolo, y lo tenía hasta hace poco. Hasta hace un rato, de hecho. El ídolo en cuestión se hacía llamar Aarón Guzmán, y era predicador. Un buen predicador. Todo un ejemplo de sabiduría y profesionalidad. Un dechado de retórica y pragmática.



Pues bien. Acaba de serme revelada la Verdad: el padre Aarón Guzmán es falso. Como lo leéis. Aarón Guzmán es más falso que un euro brasileño, que de mano en mano va y ninguno se lo queda. Aarón Guzmán ha sido enviado por Satanás para anunciar –cual Ángel de la Anunciación– un programa de televisión. El mismo que decía combatir.



Se hace llamar Aarón Guzmán. Aarón, como el hermano de Moisés. Aarón, el del becerro de oro. Lo tenía que haber imaginado. De hecho, lo confieso, me resulta muy difícil no admirar la perversa inventiva del Enemigo.

Ay Dios. Los caminos de Lucifer también son inextricables.

A partir de ahora no volveré a adorar falsos ídolos. Sólo me adoraré a mí mismo.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

domingo, 26 de agosto de 2007

Dios es negro (y mi madre es virgen)

Como cada año, ayer fui al cine. Estaba decidido a ver la película esa de los cuatro fantásticos. Las historias de superhéroes son una forma de sublimar los anhelos de divinidad de los mortales sin caer en el sacrilegio, y resultan sumamente interesantes para explorar mi propio potencial; el cual, todo hay que decirlo, sigue muy en potencia. Llevo varios días pensando que si, por ejemplo, tuviera los poderes de la antorcha humana y los del hombre de hielo, una de dos: (1) acabaría convertido en un polín derretido; o (2) los poderes se anularían mutuamente, y a todos los efectos parecería un miserable consumidor de películas de superhéroes. En fin, digo que estaba decidido a ver Los cuatro fantásticos, pero me encontraba a punto de comprar la entrada cuando un cartel me llamó poderosamente la atención. Aparecía Nanni Moretti, que es un actor que salía en Padre padrone, pero lo que me llamó la atención fue una frase: Sigo como Dios, a la sazón el título de la película. Me picó la curiosidad, lo confieso, y abandoné mi propósito inicial de ver el filme de los cuatro fantásticos. Suerte que voy al cine solo, cuando voy (una vez al año, más o menos), y no tuve que discutir más que conmigo mismo; la discusión fue más o menos rápida y democrática: ganó Moretti por dos a uno. Y es que eso es lo bueno de ser uno y trino, porque si fuera cuatrino podría producirse un empate. Bromas (o no) aparte: le pedí a la taquillera una entrada para Sigo como Dios. Entonces sucedió algo curioso: la gente que hacía cola a mi espalda empezó a aplaudir; y no sólo eso: algunos acompañaron sus aplausos con exclamaciones como “ya era hora” y “por fin”, y recuerdo a un hombre que dijo: “que no me quiero perder el No-Do” (era, por cierto, bastante joven, de modo que no creo que hubiera presenciado ningún No-Do en directo, de lo que colegí que se estaba burlando de mí). A mí estas cosas, la Verdad sea dicha, me entran por un oído y me salen por el otro; si no fuera así, les habría lanzado una maldición, pero me limité a hacer butifarra.

En cuanto a la película en cuestión: no diré que esperase un filme espiritual, una hagiografía o una obra de Mel Gibson. Para nada. Yo ya sabía a lo que iba, por puro conocimiento presciente. Sin embargo, ni el más funesto de mis vaticinios me había preparado para lo que iba a ver. Bueno, tampoco es cuestión de exagerar; al fin y al cabo, sólo era una comedia. El protagonista era una especie de Noé moderno, con su arca y sus animales y su barba a lo Gandalf. (Algún día hablaré de Gandalf, quien –en contra de la creencia popular– era español.) En fin, que el actor que había confundido con Nanni Moretti (pero no es) haga de Noé (tampoco es) ya me parece una blasfemia, pero eso no es lo peor. Lo peor es que otro de los personajes es ni más ni menos que Dios. Lógico: si sale Noé, tendrá que salir Dios (o no tan lógico, porque ahora se han puesto de moda las versiones de la Ilíada y la guerra de Troya sin dioses, que serán todo lo paganos que quieras, pero su omisión deliberada no es sino otro síntoma de la crisis espiritual de Occidente). Bueno, a lo que iba: que sale Dios, y no sólo eso, sino que sale interpretado por un actor de color. O sea: de color marrón oscuro, tirando a negro. Negro, para abreviar. Y yo no tengo nada en contra de los negros, Dios me libre, ni de los negros ni de los racistas; bueno, de los racistas sí, pero sólo si son negros. Pero no me hagan reír… o sí, porque es una comedia, y quizás el hecho de que Dios sea negro no es más que un agag, un agag recurrente. De todos modos, es un agag muy malo y no tiene ni puñetera gracia, pero es igual, no me quiero calentar. Sólo digo que Dios no puede ser de color. Si lo fuera, el Sumo Pontífice iría vestido de ese color, y en verano pasaría mucho calor, y su segunda residencia no estaría en Castel Gandolfo (otra vez Gandalf) sino al sur de la Patagonia argentina, donde hace un frío del carajo. Además, el código de las fumatas se invertiría: la negra pasaría a ser blanca y viceversa. Y la paloma de Noé sería un grajo que vuela bajo, por no hablar del Espíritu Santo, que sería un cuervo de mal agüero; lo cual, no hace falta decirlo, es un sacrilegio desde su misma y mancillada concepción. Pero ahí no acaba la cosa, porque Nuestra Señora de Montserrat sería blanca, como fray Escoba y los angelitos de Machín. Y eso sí que no.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

domingo, 12 de agosto de 2007

Dejad que los internautas se acerquen a mí

Porque no saben lo que hacen.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

viernes, 10 de agosto de 2007

Arrabal



Fernando Arrabal tenía razón. El Milenarismo va a llegar. Lo que pasa es que va a llegar con cierto retraso.

Sí, en efecto, Arrabal tenía más razón que un santo. Pero eso lo arreglo Yo en un Sancti Amen:

Arrabal,
por el Poder que me otorgo en calidad de
Uno y Trino,
Patris, et Filii, et Spiritus Sancti,
te canonizo.
Desde ya mismo pasas a ser
San Fernando Arrabal.


(Un palíndromo: Arrabal, a la barra.)

miércoles, 1 de agosto de 2007

Stigma

Ayer en el metro se sentó un joven a mi lado (dejad que se acerquen, et cetera). Logré hacerle esta foto con el móvil, sin que se apercibiese (en cambio, sí se dio cuenta una japonesa impertinente, a la que fulminé con la mirada):



¿Habré sido Yo el causante? ¿Se lo habrá hecho él mismo? El intento de suicidio está descartado… a no ser que sea un intento realmente torpe, como el de mi hermano el menor. Pero no, tienen toda la pinta de estigmas. ¿Reales o simulados? Me inclinaría a pensar lo segundo. Se parecen demasiado a unos que vi en Castellón. Salieron fotografías en el Pronto, y en La Internet. Lo más probable es que los haya tomado como modelo. De todos modos, no estoy seguro. Podría ser verdadero. Haberlos, haylos. Aunque, francamente, son difíciles de discernir entre tanta turba inmunda de falsos profetas.

El joven se apeó una estación antes que yo. Estuve a punto de salir tras él, pero enseguida me di cuenta de que no hacía falta. Si realmente es lo que pretende ser, me lo volveré a encontrar.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

domingo, 29 de julio de 2007

La Radio

También podría destruirla, es cierto, pero no quiero inmiscuirme en la excelentísima labor que están desempeñando (de momento) mis valientes soldados de la Conferencia Episcopal. ¿Os he dicho que mis caminos son inextricables?

inextricable.
(Del lat. inextricabilis).
1. adj. Que no se puede desenredar; muy intrincado y confuso.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.



P.D. Seguramente pensáis que estoy loco. Lo sé. Si no lo supiera, no desvelaría mis planes así como así. Bueno, os podéis reír. Quien ríe El Último (será El Primero), ríe mejor.

P.P.D. Un anticipo: JUAS JUAS JUAS JUAS JUAS JUAS JUAS JUAS JUAS JUAS.

miércoles, 25 de julio de 2007

Que quede claro

No me gusta La Internet. Es obra del Maligno.

Si me he introducido aquí ha sido con afán beligerante: como el soldado que penetra en tropas enemigas para dinamitarlas por dentro. Como un caballo de Troya, y de Atila, dos en uno y tiro porque me toca.

No será tarea fácil, y puede que perezca en el intento. Pero, en tal caso, resucitaré al tercer día y proseguiré mi labor destructiva. Dale que dale y erre que erre, un dos, un dos. Y cuando haya eliminado La Internet, destruiré La Televisión. Tiempo al tiempo.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

jueves, 19 de julio de 2007

A propósito de Buda

Una cosa hay que reconocerle al budismo: el asunto ese del karma y las reencarnaciones. Aunque como religión sea un fraude, en ese aspecto concreto han dado en el clavo. Si no, ¿cómo se explica que Yo Mismo sea hijo del Altísimo?

Durante un tiempo pensé que me podía haber concebido el Espíritu Santo, pero seamos sinceros: aceptar la virginidad de mi madre equivaldría a reconocer la divinidad de mis once hermanos (el drogadicto, los dos homosexuales y las cuatro rameras incluidos). Además, me parezco demasiado a Ginés el cartero (†). Así que debo de ser una reencarnación.

Un avutarda o como demonios se llame.

(†) Requiescat in pace.

miércoles, 18 de julio de 2007

A mi imagen y semejanza

Hoy he visto a Buda. No el que se parece a Keanu Reeves, no, no, ese no, sino el otro, el gordo con pinta de Jesús Gil y Gil. Por un momento he sentido miedo. Sí, he sentido miedo (me cuesta desprenderme de este vestigio de humanidad, lo confieso): un miedo atávico y antediluviano. Un miedo primordial, antiguo como el tiempo. Pero enseguida se me ha pasado. Eso ha sido al comprender que el tal Buda no era sino mi reflejo en el espejo del baño.

He respirado tranquilo. Pero por poco tiempo.

Porque enseguida me he vuelto a asustar. Sí, sí, me he vuelto a asustar. ¿Por qué? Porque no puedo parecerme a un dios pagano.

No, no puedo. No puedo. No puedo.

No puedo parecerme a nadie que no sea el Dios Único, Grande y Verdadero.

Mañana empiezo la dieta.

viernes, 13 de julio de 2007

En el principio fue el Verbo

Y el Verbo se hizo Bitácora.

 
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